sábado, 5 de mayo de 2012

El plural mayestático y la discapacidad negociadora


 
Alguien puede imaginarse tan superior a los demás que le resulte insoportable negociar (ganar dinero) con gente que imagina despreciable.

Pequeños detalles pueden indicar la presencia de un obstáculo que, si fuera removido, aumentaría nuestra calidad de vida.

Este blog está dedicado a comentar diariamente creencias que en algunas personas (sólo en algunas, nunca en todas porque somos todos distintos) podrían impedir el acceso a una mejor calidad de vida, es decir: Mis comentarios procuran servir a algunos para reconsiderar creencias empobrecedoras.

Voy al punto:

Todos conocemos personas que siempre hablan en primera persona del plural. Por ejemplo:

— Hoy nos dimos una ducha, desayunamos, nos vestimos, ...

— Nuestro único voto se lo destinaremos a apoyar la idea de...

— ¡No tenemos ni la menor idea sobre ese tema!

A esta forma de hablar se la puede llamar «plural mayestático» (1), porque fueron reyes y papas ( de «su majestad» deriva «mayestático») quienes en algún momento dejaron de expresarse en primera persona («Hoy me di una ducha, ...») para empezar a hacerlo en plural en tanto supusieron que eran verdaderos representantes de Dios en la tierra.

Fue con esta particular ocurrencia que se originó el uso del plural donde se incluye a Dios como un compañero de fórmula, como integrante del equipo. Cuando «su majestad» nos habla, lo hace en nombre de Dios y en el suyo propio, por eso dice «Nosotros nos dimos una ducha, ...».

A primera vista una forma de hablar no parece tan importante, sin embargo esta intrascendencia es solo aparente porque sí puede señalarnos un inconveniente.

Quienes hablan (o sólo piensan) en «plural mayestático» están imaginándose en una posición tan elevada respecto a los demás que no podrán evitar sentir cierto desprecio.

El obstáculo se presenta cuando esa persona no puede negociar (ganar dinero) con quienes imagina despreciables.


(Este es el Artículo Nº 1.517)

La diversidad de idiomas


 
La diversidad de idiomas quizá tiene su origen en la ambición regionalista, patriótica, narcisista y paranoica de los distintos pueblos.

Cuenta una leyenda bíblica que en cierto momento, algunos habitantes de Babel llevaron adelante el proyecto de hacer una torre que llegara hasta el cielo.

Supongo que la intención de aquellas personas era similar a la que tienen los que hoy gastan fortunas en conocer la Luna, Marte, Venus, Júpiter y otros parajes del cielo.

En un caso la teoría nos llevaba a curiosear en el Paraíso y en el presente la teoría nos lleva a mitigar la muy humana angustia de saber si estamos tan solos como parece.

La historia se completa cuando Dios, indignado por el atrevimiento de aquellos curiosos, les cambió el lenguaje de tal forma que no pudieran entenderse entre ellos.

Los pobres obreros no le entendían al alemán que pedía más ladrillos, los italianos avisaban que la comida estaba pronta y nadie aparecía, los franceses propusieron una idea genial que nadie entendió, y así llegamos a nuestros días; días en los que seguimos sin saber por qué existen tantos idiomas y días en los que los traductores se ganan la vida honestamente.

Nuestra imaginación, como siempre ocurre, propone soluciones humanas (antropomórficas) para todo lo que no tiene una explicación y así fue que inventamos una historia de transgresión y castigo divino para explicar algo que aún ignoramos por qué ocurrió (la diversidad de lenguas).

Conociendo (debí decir «imaginando») al ser humano como lo conocemos hoy, yo diría que la pluralidad de lenguajes no está causada por ningún castigo, mucho menos divino, sino que fue el exagerado patriotismo lo que llevó a que cada pueblo construyera su código, para que los extranjeros (amigos y enemigos), nunca supieran del pensamiento de los lugareños. ¡Puro narcisismo paranoico!

Otra mención a la «Torre de Babel» y al «narcisismo»:


(Este es el Artículo Nº 1.534)

martes, 3 de abril de 2012

Dios es masculino y desestimulante

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EnDIOSar al sexo masculino genera una desestimulante señal para quienes producen y se arriesgan.

Puedo estar de acuerdo en que, practicando arqueología psiquiátrica, Don Quijote de la Mancha estaba un poco loco, pero ocurre que todos lo estamos de una u otra manera.

Sin ir más lejos, mi hipótesis según la cual la creencia en Dios y la religiosidad en general contienen muchas causas de la pobreza patológica, podría parecerse a una lucha quijotesca contra los molinos de viento.

Algo que les comentaré podría confundirse con alguna doctrina feminista, pero sé que nada más lejos de mi intención que hacer causa común con esas personas que gozan enterrándose cada vez más.

Desde mi punto de vista «la persona que hace, se compromete e involucra corporalmente», debería tener poder de mando.

Tampoco soy simpatizante de las ideologías de izquierda a las que califico como hipócritas, idealistas y, en muchos casos, deshonestas.

Así como me parece lo más justo que cada pueblo se autodetermine sin la injerencia de países extranjeros poderosos o iluminados, también me parece que el 90% de la humanidad depende de las mujeres y estas deberían ser las encargadas de tomar las decisiones que mejor les convengan, pues los varones tenemos una participación exigua en lo único importante que tenemos para hacer los humanos que es conservar la especie (1).

Y retomo el tema de Dios porque notoriamente es un personaje masculino al que se le atribuyen fantásticos poderes y al que mujeres y hombres le rinden honores, lo glorifican, le imaginan poderes máximos y justicia incuestionable.

EnDIOSar al varón, siendo que tiene tan poca participación en la única «misión» importante (reproducirnos), equivale a decir que las decisiones serán tomadas por quienes menos hagan, menos se involucren con su cuerpo y más prescindibles sean.

(1) Blog que concentra todos mis artículos que refieren a la Conservación de la especie.

Artículos temáticamente vinculados:

La disconformidad universal

En nuestra especie también hay padrillos

Es así (o no)

Nosotras queremos ser varones

(Este es el Artículo Nº 136)

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La fantasía del cuerpo prestado

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Algunas personas se sobreendeudan para imaginar que controlan la «devolución de materiales» («Del polvo venimos...») que implica morir.

El psicoanálisis sólo es útil para unos pocos millones de personas. Es decir, de los 7.000 millones de humanos actuales quizá no haya más de 100 millones que nos llevamos bien con esta técnica-filosofía-arte.

Calculo que otros 500 millones se divierten con nuestros puntos de vista, porque en general suelen parecer originales, creativos, alternativos, diferentes.

Cuando escribo estos artículos lo hago pensando en ese grupito de 600 millones.

La frase «Del polvo venimos y al polvo volvemos» parece vinculada a la leyenda bíblica según la cual Dios nos hizo con barro.

Muchas personas pueden entender que con esta frase se nos está diciendo que nuestro cuerpo está hecho con materiales que recibimos «prestados» del planeta y que la muerte no es otra cosa que la cancelación (devolución) de ese préstamo.

El instinto de conservación es nuestro fiel guardián que se mantiene alerta para salvarnos de todos los peligros. Es muy enérgico y hasta bastante paranoico porque a veces actúa con un exceso de celo que nos pone en problemas.

Como todo instinto, podemos imaginarlo ubicado en el inconsciente, según los criterios del psicoanálisis.

Las asociaciones que se producen en el inconsciente son mucho más irracionales que las asociaciones que conocemos porque se producen en nuestra conciencia.

Algunas personas que se endeudan excesivamente pueden intentar evadir la muerte como acto de cancelación de la deuda al devolver los materiales que componen nuestro cuerpo.
Su estrategia consistiría en endeudarse en dinero para que la sensación de «deuda» deje de ser vital (de vida o muerte) y pueda ser imaginada como que es meramente financiera, cultural, controlable, negociable entre humanos.
Con el sobreendeudamiento suponen que sólo deben dinero y que no deben su propio cuerpo.

Otras menciones del concepto «sobreendeudamiento»:

No poder vivir sin endeudarse
El sobreendeudamiento y los privilegios
Luchemos contra mí

(Este es el Artículo Nº 135)

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La felicidad de pensar lo peor

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Aporta una sensación de felicidad imaginar situaciones trágicas para luego agradecer con pasión que «eso» no haya ocurrido.

En otro artículo (1) mencioné que muy probablemente nuestras expresiones verbales que incluyen el dúo «gr» puedan ser utilizadas inconscientemente con el ánimo de apaciguar un temor a ser destruidos.

De ahí que tantas personas se desviven por agradecer.

Es probable que inconscientemente el agradecido le pida clemencia al destinatario de su agradecimiento, le ruegue que eso que provocó la gratitud (recibir un regalo, una ayuda, un aplauso) no sea en realidad un señuelo (carnada, trampa) cuyo objetivo final sea depredar (comer, robar, destruir) a quien luego agradece en forma de ruego:

— «¡muchas gracias!»,
— «¡no sabe lo agradecido que estoy!»,
— «¡mil gracias!»,
— «¡le estoy infinitamente agradecido!»,
— «¡no tengo palabras para expresar la gratitud que siento por lo que ha hecho por mí!».

La compulsión a estar agradeciendo todo el tiempo (a Dios, al Cielo, a la Vida, a la Suerte, a cualquiera que no obstruya nuestro camino, a quien acaba de cobrarnos dinero), puede estar originada (la compulsión) por un sentimiento radicalmente opuesto a esta aparente generosidad, bondad, amor.

Quienes poseen fantasías terroríficas, ideas vengativas atroces, proyectos inhumanos para castigar ofensas, tienden a suponer que los demás tienen un mundo interior parecido.

En esta convicción, cada vez que alguien no les golpea la cara con el puño cerrado, cada vez que no son atropellados por un camión al cruzar la calle, cada vez que alguien no los roba, (porque estas son las expectativas de un pensamiento tan lleno de violencia y malos augurios), corresponde agradecerle a quien no los golpeó, ni los llevó por delante, y a todos los que no cumplieron las terroríficas fantasías de quienes agradecen excesivamente.

Imaginar lo peor y luego agradecer que no haya ocurrido, aporta gran felicidad.

(1) El sonido «gr» para conjurar una amenaza imaginaria

(Este es el Artículo Nº 134)

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El sonido «gr» para conjurar una amenaza imaginaria

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Es probable que la gratitud sea un sentimiento de temor que se intenta apaciguar con la palabra mágica «gracias».

La palabra «bombo» seguramente fue creada por algún niño cuando quiso aludir al instrumento de percusión que luego tomó ese nombre.

También encontramos algo semejante con el «trombón», el «clarinete», y el «violín».

Sus nombres aluden al tipo de sonido que provocan los instrumentos correspondientes.

En los comics encontramos abundantes «sonidos» escritos con letras que agregan idea de volumen sonoro o estridencia o tenebrosidad: «splash» (caída sobre agua), «mmmmuá» (beso), «pum» (golpe seco), «bang» (disparo de revólver), «cri-cri» (canto de grillos), «brrr» (miedro, temblor), «grrrr» (horror, gruñido amenazante).

Las palabras son usadas para comunicarnos pero también para conjurar peligros, atribuyéndoles algún poder mágico: rezar, bendecir, maldecir, exorcizar.

Las «palabras mágicas» son usadas por los magos, brujos y otros personajes con poderes sobrenaturales para obtener logros igualmente extraordinarios.

Esta introducción es para terminar hablándoles de las intensas ganas de agradecer que tienen algunas personas en muchas circunstancias.

Personalmente creo que los sonidos «gr» y «br» aluden a sentimientos de temor y, por lo tanto, cuando usamos esos sonidos es probable que inconscientemente estemos tratando de apaciguar alguna amenaza (generalmente imaginaria... pero no por eso menos temible).

En lo que refiere al tema de este artículo, el agradecimiento puede ser una actitud que más bien intenta apaciguar a quien va dirigido.

Quizá quien agradece está diciendo algo así como «te temo», «espero que no me hagas daño», «déjame con vida».

La gratitud es un sentimiento que denota subordinación: El caso más notorio es el agradecimiento a Dios por los dones recibidos, ... el más importante de los cuales seguramente es seguir teniendo vida.

Cuando el artista agradece infinitas veces al público que lo ovaciona, está diciendo en realidad «¡no me devoren!».

(Este es el Artículo Nº 133)


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Dios y el inconsciente

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Aunque la existencia de Dios y del inconsciente nos inducen a creer en el determinismo, es ventajoso creer en el libre albedrío.

No me canso de decir que Dios no existe y que la religiosidad es un gran mecanismo de defensa para poder interpretar la realidad de un modo más liviano, tolerable y esperanzador, pero resulta que soy psicoanalista y mirándolo bien, no sé si existen muchas diferencias entre las religiones y el psicoanálisis.

Dejando de lado a los psicoanalistas doctrinarios que se dedican a leer minuciosamente las «sagradas escrituras» (obras de Freud, Klein, Lacan) y que hacen hincapié en el pensamiento de esos personajes dejando para algún futuro incierto la comprensión de sí mismos y de los pacientes reales que nos consultan, dejando de lado a esos psicoanalistas, repito, los demás estamos tratando de entender qué ocurre con la existencia del inconsciente y sus consecuencias.

Imaginamos que existe un inconsciente así como otros imaginan que existe Dios.

Ya en esto tenemos un punto de encuentro muy importante. Religiosos y psicoanalistas partimos de suposiciones indemostradas y me atrevería a decir, indemostrables.

Ambos grupos de personas (religiosos y/o psicoanalistas), suponemos que estamos determinados por alguien o algo (Dios o inconsciente, respectivamente).

Si son los designios de Dios o del inconsciente lo que nos gobierna como si fuéramos sofisticadas marionetas, ¿por qué tantas personas (la abrumadora mayoría) creen en el libre albedrío?

Intento una explicación:

Como cada teoría está hecha a gusto de los teóricos, la teoría del libre albedrío nos aporta los siguientes beneficios:

— Podemos encontrar responsables para aplacar nuestra irresistible sed de venganza (juzgar, condenar y castigar);

— Cuando los «culpables» somos nosotros, podemos encontrar infinitos justificativos y atenuantes;

— Si de méritos se trata, podemos exhibir hasta el cansancio, nuestra habilidad, inteligencia, grandeza, valentía, que justifican el amor que reclamamos.

(Este es el Artículo Nº 132)

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