miércoles, 15 de febrero de 2012

El auge de las psicopatías en tiempos de crisis - (Artículo Nº 126)

La psicopatía es propia de muchos seres humanos «normales» pero se vuelve problemática en períodos de crisis económica.

El cerebro humano quizá sea el único que padece de incertidumbre. Para compensar esta característica perjudicial, quizá sea el único que puede creer en Dios

Son ‘acción y re-acción’ complementarias: primero sufrimos con la incertidumbre y después creamos la existencia de Dios para aliviar la ansiedad resultante.

En el terreno de la salud mental, por un lado observamos que algunas personas hacen cosas insólitas que nos inspiran temor, para tranquilizarnos salimos a buscar explicaciones, la ciencia nos satura con datos, estadísticas, teorías, opiniones, pero si a alguien se le ocurre profundizar apenas un poquito, descubrirá lleno de pavor que la ciencia no está segura de nada.

Lo único que nos queda entonces es aferrarnos a una ilusión, a una fantasía que en definitiva nos ayuda. Las religiones aportan la compañía de otros creyentes igualmente angustiados y entre todos nos consolamos, nos damos ánimo y hasta nos olvidamos de los problemas.

Muchos pueblos están padeciendo una profunda crisis económica desde hace varios años.

En épocas como esta la angustia y la desesperación se convierten en campo propicio para que emerjan con su mayor esplendor nuestros clientes, competidores, jefes y compañeros de trabajo psicópatas.

Por supuesto que la ciencia nos dirá que la psicopatía es un trastorno de personalidad que se manifiesta por una pérdida de escrúpulos y las religiones nos dirán que son «ovejas descarriadas que Dios pone en nuestro camino para probarnos», pero ¿qué hacemos con un acosador, con una brillante manipuladora, frente a un competidor que no reconoce los riesgos, con una compañera de trabajo que sólo respeta sus códigos personales?

Lo que hacemos con ellos es lo mismo que hacemos con cualquier otro fenómeno natural adverso: guarecernos para sobrevivirlo.

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