sábado, 6 de agosto de 2011

Si no resisto la realidad, la invento

Cuando la realidad se torna intolerable para una psiquis escasamente disciplinada por la moral, el ser humano recurre a fantasías, creencias y en casos extremos, al delirio.

«Que Dios te lo pague» suele ser el saludo de agradecimiento de quien no se ve obligado a pagar por lo que recibió.

Es de suponer que nadie toma esas palabras al pie de la letra y sin embargo no tenemos la total certeza.

Efectivamente, en el fondo del corazón de muchas personas anida la fantasía con rango de verdad de que mantienen una cuenta corriente con Dios.

En comercio existe un documento de pago que se llama «letra de cambio». Se utiliza cuando tres personas están vinculadas económicamente.

Imaginemos que Dios es una de esas personas, que el Papa es otra y que usted es el tercero.

Imaginemos también que Dios le debe al Papa por todo lo que este hace para que los humanos crean en Él. Por otro lado usted le entrega al Papa un bello mantel bordado con bellas imágenes religiosas que cuesta mil dólares.

El Papa podría entregarle a usted una «letra de cambio» donde diga: Dios, págale al portador de esta «letra de cambio» la cantidad de mil dólares.

La transacción culminará cuando usted se presente ante Dios, le entregue el referido documento de pago y Dios, con total naturalidad, extrayendo de una nube diez billetes de cien dólares, se los entrega y guarda la letra de cambio porque San Pedro contabilizará que la deuda por concepto de publicidad que el cielo tiene con el Vaticano, fue amortizada en mil dólares.

Esta descripción, que puede parecer hereje o irrespetuosa, no tiene esa intención sino más bien poner de relieve la interpretación imaginaria, fantástica o irreal que algunos hacen de las deudas y el dinero.

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